Somos… bacterias (nuestro otro cerebro puede controlar el desarrollo del Alzheimer)

Estudiando nuestra salud, he entendido que nuestros suministros provienen de los 4 elementos (agua, tierra-nutrientes, aire-oxígeno y fuego-luz). Sin ellos nuestra vida es biológicamente imposible. Sin embargo, nos olvidábamos el quinto elemento: Las bacterias.

Hace una década que la ciencia, gracias a avances tecnológicos, ha empezado a estudiar este mundo que vive en nosotros y supera de 10 veces a nuestra cantidad de células. Tiene un impacto fundamental en nuestra salud ya que el microbiota intestinal regula la absorción de nutrientes, nuestro sistema inmunológico y hormonal, hasta nuestro sistema neurológico y no es por nada que lo llamamos segundo cerebro.

Un fallo en nuestro microbiota (en cantidad y/o variedad) y se puede perder en absorción de nutrientes, en mucosidad intestinal, dañar las paredes intestinales y provocar una permeabilidad no controlada, dejando entrar partículas, metabolitos y microbios no deseados en el torrente sanguíneo, excitar de las defensas inmunes liberando muchas moléculas proinflamatorias, afectando por otro lado a la producción de ciertas hormonas y neurotransmisores, afectando nuestro metabolismo, y teniendo consecuencias directas en el cerebro.

Por suerte, podemos controlar nuestro microbioma con la dieta. Solo hay que conocerlo, saber como diversificarlo, mantenerlo y como nutrirlo. Sin embargo, si ya está alterado y que esta en estado de permeabilidad intestinal, se necesita un programa de recuperación completo y eficaz. Con nuestra solución, reparamos las paredes intestinales, repoblamos y nutrimos el microbioma, y lo cuidamos.

Numerosos estudios demuestran el impacto del microbioma intestinal en el desarrollo de Alzheimer. Una revisión de junio 2020 sintetiza los avances de nuestros conocimientos.

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Somos lo que respiramos… Con oxígeno no se desarrolla Alzheimer.

El cerebro consume 20% del oxígeno que respiramos para alimentar menos de 10% de las neuronas a la vez.

El aporte de oxígeno es esencial a la vida y funcionamiento del cerebro. Sin embargo, su aporte depende de nuestra salud pulmonar y cardiovascular. Se ha demostrado que nuestro mundo actual de contaminación nos lleva a la edad adulta a perder hasta 30% de capacidad respiratoria sin fumar. Los 70% que entran en el torrente sanguíneo tienen que distribuirse a todas las células del cuerpo solo que nuestros vasos sanguíneos también pierden en capacidad de difundir el oxígeno.

Nuestro cuerpo produce una molécula que ha dado lugar a un premio Nobel, el óxido nítrico (ON). Tiene muchas funciones en las cuales destaco que trabaja en la lucha contra la arteriosclerosis, o sea la acumulación de grasa en las arterias. Sanos, a 40 años, perdemos naturalmente el 50% de la producción de ON. Al reducir la luz vascular sobre todo en la llegada a los capilares, la hemoglobina que transporta el oxígeno no puede pasar fácilmente y no lleva un aporte correcto de O2 en muchas partes del cuerpo incluso el cerebro. Se habla de hipoxia o isquemia. También es un factor de desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Se ha demostrado que la hiperfosforilación de TAU y la acumulación de placas amiloides aumentan en situación de hipoxia y disminuyen con unmayor aporte de oxígeno. (ver la publicación cientifica)

Para volver a oxigenarse, hay que apoyar la producción de óxido nítrico y eso se puede con una buena suplementación en Arginina y Citrulina. Otra posibilidad más efectiva y rápida: la oxigenoterapia hiperbárica (OHB). Numerosos estudios afirman los beneficios de la OHB no solo en la prevención, pero en la recuperación de funciones cognitivas hasta por un ICTUS. Los beneficios para Alzheimer también han sido efectivos solo que la cámara hiperbárica no puede ser un tratamiento temporal pero un estilo de vida saludable semanal desde la edad adulta para prevenir todo tipo de enfermedades desarrolladas por la hipoxia progresiva del organismo con el envejecimiento. Es posible con DeltaO2.

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Somos lo que comemos… Y Alzheimer también depende de esto.

Ayer hablé de la proteína precursora amiloide. Se encuentra en las membranas de las neuronas. Suele a veces dividirse y sus componentes pueden ser recuperados para otras funciones. Pero existe una situación en donde la división libera una molécula (el péptido Aβ) que no se recupera y se queda en el líquido intersticial y cefalorraquídeo. Si no se elimina a tiempo, se acumula y se vuelve aún más difícil a eliminar, formando primero lo que se llama oligómeros, y acaban formando las famosas placas amiloides que caracterizan la enfermedad de Alzheimer.

Esta situación, un estudio de junio 2020 nos la aclara y aporta una explicación más precisa. Hasta entonces, sabíamos que la hipoxia, el estrés oxidativo y la inflamación favorecen está situación, pero el comportamiento de las enzimas depende en realidad de los lípidos (fosfolípidos) que constituyen la membrana neuronal.

Somos lo que comemos: la grasa que contiene nuestra alimentación influye sobre la calidad de la membrana. Nuestras neuronas antes de todo requieren un tipo de grasa que se llama DHA (uno de los omega-3 de aceite de pescado). Si no la aportamos, se reemplaza por un omega-6 (en aceites comunes y comida procesada) menos eficaz en el potencial de sus funciones. Nuestra dieta al nivel mundial ha desequilibrado las proporciones omega-3/omega-6 en favor de hasta por encima de 20 veces más omega-6. Esto favorece la neuroinflamación.

Por otro lado, también aportamos a nuestras células más ácidos grasos saturados (que son la grasa solida que proviene de la grasa de mamíferos) y ácidos grasos trans que se encuentran en la alimentación procesada y que les da rigidez y menos permeabilidad a las neuronas.

Por último, nuestro mundo actual nos ha llevado a otro desequilibrio importante. El de los radicales libres y nuestra capacidad antioxidante. Los radicales libres atacan el ADN, las proteínas y los lípidos de nuestras células si no les aportamos lo suficiente antioxidantes.

En resumen, en las membranas de nuestras neuronas encontramos grasa saturada, trans y omega-6 en exceso juntos a pocos lípidos saludables que además se oxidan por la falta de antioxidantes. Este contexto influye sobre el tipo de enzimas que cortan la Proteína Precursora Amiloide liberando el péptido Aβ al exterior de las neuronas.

Un nuevo enfoque de la prevención es disminuir el consumo de omega-6 y ácidos grasos saturados y trans. Suplementar el consumo de omega-3 de pescado de calidad (tanto DHA que EPA porque este último impide al omega-6 de generar inflamación). Y aumentar o suplementar el aporte de antioxidantes.

Siga nuestras próximas publicaciones está semana, 1 al día, sobre los avances científicos que aclaran nuestra comprensión y facilitan la prevención.

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