Somos lo que comemos… Y Alzheimer también depende de esto.

Ayer hablé de la proteína precursora amiloide. Se encuentra en las membranas de las neuronas. Suele a veces dividirse y sus componentes pueden ser recuperados para otras funciones. Pero existe una situación en donde la división libera una molécula (el péptido Aβ) que no se recupera y se queda en el líquido intersticial y cefalorraquídeo. Si no se elimina a tiempo, se acumula y se vuelve aún más difícil a eliminar, formando primero lo que se llama oligómeros, y acaban formando las famosas placas amiloides que caracterizan la enfermedad de Alzheimer.

Esta situación, un estudio de junio 2020 nos la aclara y aporta una explicación más precisa. Hasta entonces, sabíamos que la hipoxia, el estrés oxidativo y la inflamación favorecen está situación, pero el comportamiento de las enzimas depende en realidad de los lípidos (fosfolípidos) que constituyen la membrana neuronal.

Somos lo que comemos: la grasa que contiene nuestra alimentación influye sobre la calidad de la membrana. Nuestras neuronas antes de todo requieren un tipo de grasa que se llama DHA (uno de los omega-3 de aceite de pescado). Si no la aportamos, se reemplaza por un omega-6 (en aceites comunes y comida procesada) menos eficaz en el potencial de sus funciones. Nuestra dieta al nivel mundial ha desequilibrado las proporciones omega-3/omega-6 en favor de hasta por encima de 20 veces más omega-6. Esto favorece la neuroinflamación.

Por otro lado, también aportamos a nuestras células más ácidos grasos saturados (que son la grasa solida que proviene de la grasa de mamíferos) y ácidos grasos trans que se encuentran en la alimentación procesada y que les da rigidez y menos permeabilidad a las neuronas.

Por último, nuestro mundo actual nos ha llevado a otro desequilibrio importante. El de los radicales libres y nuestra capacidad antioxidante. Los radicales libres atacan el ADN, las proteínas y los lípidos de nuestras células si no les aportamos lo suficiente antioxidantes.

En resumen, en las membranas de nuestras neuronas encontramos grasa saturada, trans y omega-6 en exceso juntos a pocos lípidos saludables que además se oxidan por la falta de antioxidantes. Este contexto influye sobre el tipo de enzimas que cortan la Proteína Precursora Amiloide liberando el péptido Aβ al exterior de las neuronas.

Un nuevo enfoque de la prevención es disminuir el consumo de omega-6 y ácidos grasos saturados y trans. Suplementar el consumo de omega-3 de pescado de calidad (tanto DHA que EPA porque este último impide al omega-6 de generar inflamación). Y aumentar o suplementar el aporte de antioxidantes.

Siga nuestras próximas publicaciones está semana, 1 al día, sobre los avances científicos que aclaran nuestra comprensión y facilitan la prevención.

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