
21/09/2026

Jeremy Trizzulla, DeltaO2, Especialista en Oxigenación Hiperbárica
Todos los derechos reservados , Copyright © 2026DeltaO2
A veces, para comprender algo complejo, no hace falta acercarse más. Hace falta cambiar la distancia desde la que lo miramos.
Cambia la luz, cambia la temperatura, cambian nuestros ritmos. La naturaleza recibe nuevas señales y responde a ellas.
Quizá por eso me parece un buen momento para contar uno de los cambios de perspectiva más importantes que hemos vivido en DeltaO2 durante el desarrollo de nuestro proyecto que llamé Oxibiomodulación - OBM.
Porque nosotros también tuvimos que aprender a mirar de otra manera.
Quienes me conocen desde hace tiempo saben hasta qué punto me apasiona comprender lo que hace el oxígeno en nuestra biología.

Esa búsqueda me llevó a escribir La Magia del O₂. Pero no terminó con el libro.
Durante años he buscado, impreso, traducido, subrayado, comparado y sintetizado cientos y cientos de publicaciones científicas sobre oxígeno y oxigenación hiperbárica.
Y cuanto más profundizaba, más complejo parecía todo.
Los estudios hablaban de estrés oxidativo, inflamación, angiogénesis, metabolismo, reparación, neuroplasticidad... y detrás de esas observaciones aparecía todo un universo de moléculas y vías de señalización:
NRF2, HIF-1, NF-κB, Wnt, AMPK, mTOR...
Tranquilo, no voy a pedirte que memorices ninguna.
A mí ya me costó bastante entender qué papel desempeñaban.
El verdadero problema llegó cuando empecé a comparar estudios.
Porque aquello que parecía sencillo dejaba de serlo.
mTOR es un buen ejemplo.
Es una pieza importante en la regulación del crecimiento y la construcción celular.

Archivo DeltaO2 - 08/2024
Podemos encontrar investigaciones en determinados contextos experimentales donde la HBO se asocia con una mayor señalización de mTOR y otras donde se observa justamente una reducción de esa señalización.
La propia literatura sobre HBO muestra que una misma maquinaria molecular puede comportarse de forma diferente según el contexto biológico y el estado de partida.
Entonces, ¿qué hace realmente el oxígeno?
¿Activa mTOR?
¿Lo inhibe?
Quizá la pregunta estaba mal planteada.
El oxígeno no parece comportarse como un interruptor molecular que ordena simplemente ON u OFF.
Estamos proporcionando un estímulo a una biología que ya tiene un estado, unas necesidades y una respuesta que organizar.
Y ahí comprendí que quizá llevaba demasiado tiempo mirando con la lupa demasiado cerca.
Había que alejarla.
Dejar por un momento de preguntarme:
¿qué está haciendo esta molécula?
Y plantearme algo mucho más sencillo:
¿Qué está intentando hacer la célula?
La imagen empezó a aclararse.
Detrás de aquella enorme diversidad de mecanismos aparecían una y otra vez cuatro grandes necesidades funcionales.
La célula necesita REGULAR sus condiciones para seguir funcionando.
Necesita DEPURAR: gestionar, reciclar, transformar o eliminar aquello que ya no necesita o que puede comprometerla.
Necesita CONSTRUIR: conservar, reparar, renovar y generar estructura funcional.
Y necesita ADAPTARSE a aquello que cambia.
Sus condiciones para seguir funcionando.
Gestionar, reciclar, transformar o eliminar aquello que ya no necesita.
Conservar, reparar, renovar y generar estructura funcional.
A aquello que cambia.
No nos hemos inventado estas competencias en DeltaO2.
Son competencias celulares universales.
Lo que empezábamos a descubrir era que podían ofrecernos una escala diferente desde la que leer toda aquella complejidad.
Pensemos en algo tan complejo como un cerebro después de un ictus.
Sin entrar en medicina ni hablar de tratamiento, las investigaciones sobre HBO en este contexto han estudiado respuestas relacionadas con la hipoxia, el estrés oxidativo y la neuroinflamación, la gestión de componentes dañados, la angiogénesis, la neurogénesis y la neuroplasticidad. Buena parte de la evidencia mecanística procede de investigación experimental y no debe confundirse con una demostración de eficacia clínica.
Muchos procesos diferentes.
Pero alejemos la lupa.
¿Qué está intentando hacer esa biología?
Regular un entorno profundamente alterado, en el que se han perdido determinados equilibrios.
Depurar y gestionar aquello que ha resultado dañado.
Construir, reparar y renovar.
Adaptarse, reorganizando su funcionamiento ante una nueva situación.
Las cuatro están ahí. Interrelacionadas, con protagonismos diferentes, trabajando hacia un mismo objetivo.
Y aquí apareció para mí otra idea fundamental.
El oxígeno no hace ese trabajo en lugar de la célula.
No fabrica directamente un vaso sanguíneo, no recicla una estructura dañada ni crea por sí mismo una nueva conexión neuronal.
Es la propia biología la que dispone de esos mecanismos.
La HBO modifica temporalmente las condiciones de oxigenación y puede influir sobre las redes mediante las que esa biología organiza su respuesta.
Dicho de manera mucho más sencilla: no hacemos el trabajo de la célula. Le proporcionamos un estímulo y es ella quien responde.
Y aquí es donde la reflexión empezó a llevarnos mucho más allá del ámbito patológico.
Cuando existe una enfermedad, determinadas funciones biológicas pueden encontrarse profundamente alteradas, comprometidas o resultar insuficientes frente a la situación.
Pero entre «todo funciona perfectamente» y «tengo una enfermedad» existe un territorio enorme.
Es el territorio de nuestra vida cotidiana.
Y nuestra biología tiene que seguir regulando, depurando, construyendo y adaptándose en medio de todo ello.
Piénsalo con algo tan sencillo como volver a hacer ejercicio después de meses de sedentarismo.
Cuando no está entrenado, responder a esa demanda le cuesta mucho más. Sus capacidades no han desaparecido, pero no están preparadas para afrontar con la misma eficacia ese nivel de exigencia.
Y precisamente por eso entrenamos: repetimos un estímulo, recuperamos y dejamos que el organismo se adapte.
Tu organismo tiene que regular el cambio de demanda. Gestionar y reciclar. Reparar y remodelar estructuras. Y, si repites adecuadamente ese estímulo y recuperas, adaptarse para responder mejor la próxima vez.
Otra vez: Regular. Depurar. Construir. Adaptarse.
Puedes probarlo tú mismo con el sueño, una comida, una herida, el frío, el aprendizaje o una jornada especialmente exigente.
Las proporciones cambiarán. Los mecanismos cambiarán. Una competencia tendrá más protagonismo que otra.
Pero las cuatro forman parte de una misma biología.
Esta fue una de las preguntas que terminaron dando forma a OBM:
¿hace falta esperar a que exista una patología para interesarnos por la capacidad de nuestra biología para regular, depurar, construir y adaptarse?
Para nosotros, no.
El bienestar puede ocuparse precisamente de ese espacio anterior: acompañar y entrenar nuestras capacidades funcionales mediante hábitos, entorno y estímulos adecuadamente modulados.
Y el oxígeno puede ser uno de ellos.
En lenguaje cotidiano podríamos decir: dar un pequeño empujón a mecanismos que ya pertenecen a nuestra propia biología.
No decidir por la célula qué tiene que hacer.
No sustituir sus mecanismos.
Crear un estímulo ante el que ella pueda organizar su propia respuesta.
Y eso cambió también nuestra manera de imaginar una sesión.
Si las cuatro competencias no necesitan siempre el mismo apoyo, ¿por qué deberíamos proporcionar siempre exactamente el mismo estímulo?
Empezamos entonces a hacernos una pregunta diferente:
¿podríamos reconocer qué competencia necesita prioritariamente mayor atención y orientar una sesión en esa dirección?
Y esa pregunta abrió otra puerta todavía mayor.
Porque el oxígeno no es el único estímulo ante el que responde nuestra biología.
Así que empezamos a estudiar cómo combinar distintos estímulos dentro de una misma sesión y orientarlos hacia un mismo objetivo funcional.
Ahí empieza una parte de OBM que todavía no hemos contado.
Todo eso llegará.
Por ahora basta con comprender algo esencial:
OBM no parte de una enfermedad que tratar. Parte de una biología que observar, estimular y entrenar.
Mira un árbol durante las próximas semanas.
Cambiará la luz. Bajará la temperatura. Cambiará la disponibilidad de recursos.
Y el árbol responderá.
Llegará el momento de recuperar recursos y desprenderse de hojas que ya no debe mantener.
Después tendrá que preservar y reorganizarse frente a otras condiciones.
Más adelante volverá a movilizar recursos, renovar estructuras y crecer.
Y durante todo ese recorrido tendrá que seguir respondiendo al cambio.
Regular. Depurar. Construir. Adaptarse.
No son cuatro estaciones.
Tampoco cuatro compartimentos independientes.
Son cuatro competencias que se necesitan, se solapan y cambian de protagonismo según las circunstancias.
Quizá las estaciones simplemente hagan visible, a escala de un paisaje, algo que la biología lleva haciendo silenciosamente desde siempre:
responder al cambio.
Yo empecé este camino intentando comprender qué hacía el oxígeno sobre determinadas moléculas.
Tuve que alejar la lupa para descubrir una pregunta mucho más interesante:
¿qué estaba intentando hacer la célula con ellas?
Y ahí apareció una arquitectura sorprendentemente sencilla.
Cuatro competencias celulares universales.
OBM no las inventó.
Decidió aprender a trabajar con ellas.
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