
28/09/2026

Cuatro competencias para comprender nuestra biología de otra manera
Jeremy Trizzulla, DeltaO2, Especialista en Oxigenación Hiperbárica
Todos los derechos reservados , Copyright © 2026DeltaO2
Durante la temporada pasada dedicamos varios artículos a observar nuestra biología desde ángulos muy diferentes.
Hablamos del cerebro, del sistema cardiovascular, del músculo, del hueso y de la piel. En cada caso partimos de investigaciones concretas para comprender qué ocurre en esos tejidos y qué mecanismos biológicos pueden verse implicados cuando modificamos la disponibilidad de oxígeno.
Parecían cinco historias diferentes.
Hoy queremos hacer exactamente lo contrario.
No preguntarnos qué diferencia al cerebro del músculo, al hueso de la piel o al sistema cardiovascular.
Sino preguntarnos:
Porque cuando alejamos un poco la mirada de los mecanismos moleculares concretos aparece una recurrencia sorprendentemente sencilla.
Regular. Depurar. Construir. Adaptarse.
Cuatro palabras que hoy ocupan un lugar central en nuestra reflexión sobre la Oxigenación BioModulada —OBM—.
Pero no empezaron siendo cuatro botones en una pantalla.
Empezaron observando la biología.

Una célula realiza una cantidad extraordinaria de tareas.
Detecta señales. Produce energía. Sintetiza proteínas. Elimina componentes deteriorados. Se comunica. Repara estructuras. Modifica su metabolismo. Responde a cambios de temperatura, nutrientes, actividad física, disponibilidad de oxígeno o estrés.
Reducir toda esa complejidad a cuatro mecanismos sería absurdo.
Y eso no es lo que proponemos.
Regulación, Depuración, Construcción y Adaptación no son cuatro mecanismos moleculares ni cuatro compartimentos independientes.
Son cuatro grandes competencias funcionales desde las que podemos observar lo que está intentando hacer nuestra biología.
Volvamos por un instante a algunos de los sistemas que estudiamos la temporada pasada.

Hablamos de microcirculación, equilibrio metabólico, respuesta inflamatoria, homeostasis, recuperación y plasticidad.
Un tejido extraordinariamente complejo que necesita constantemente regular su entorno, mantener y renovar sus componentes, conservar sus estructuras y adaptarse a la actividad y a los estímulos que recibe.
No necesitábamos entonces hablar de OBM para observarlo.
La biología ya estaba allí.

Vimos algo todavía más intuitivo.
El músculo sometido a esfuerzo altera temporalmente su equilibrio. Consume recursos, genera señales, modifica su metabolismo y produce microalteraciones estructurales.
Después necesita regular ese nuevo contexto, gestionar componentes que ya no sirven, reparar y construir, para finalmente adaptarse a la demanda que acaba de experimentar.
Por eso entrenar no consiste simplemente en producir esfuerzo.
Una parte esencial de la adaptación ocurre después.

La imagen resulta quizá todavía más evidente.
El hueso no es una estructura mineral inmóvil.
Es un tejido vivo sometido a un remodelado permanente: unas estructuras son retiradas mientras otras se forman, manteniendo un equilibrio dinámico capaz además de modificar la arquitectura del hueso según las cargas que recibe.
Regular. Retirar. Reconstruir. Adaptarse.
Las cuatro ideas prácticamente pueden verse trabajando juntas.

Encontramos nuevamente regulación.
Tono vascular, función endotelial, microcirculación, equilibrio redox...
Pero también construcción y remodelación vascular, así como respuestas adaptativas frente a cambios en la demanda metabólica y en el entorno.
Otra biología. Otros mecanismos.
Pero empiezan a resultar familiares las funciones que realizan.

Encontramos recambio celular, gestión de componentes deteriorados, regulación inflamatoria y redox, producción y remodelación de matriz extracelular, reparación y adaptación frente a agresiones ambientales.
Una vez más: regular, depurar, construir y adaptarse.
No necesariamente con la misma intensidad. No necesariamente al mismo tiempo. Y, sobre todo, no mediante los mismos mecanismos.
Ese detalle es fundamental.
Podríamos cometer ahora un error. Imaginar cuatro cajas y empezar a introducir mecanismos dentro: NRF2 en Regulación. Autofagia en Depuración. mTOR en Construcción. HIF-1 en Adaptación.
La biología no funciona así.
Una misma vía de señalización puede participar en diferentes funciones dependiendo del tejido, del contexto y del momento.
Y las cuatro competencias tampoco funcionan aisladamente:
Los cuatro botones son nuestros.
Son una manera de leer funcionalmente una maquinaria biológica mucho más compleja.
Hasta ahora hemos observado lo que nuestra biología sabe hacer.
Probemos ahora a invertir la pregunta.
¿Qué ocurre cuando ya no consigue hacerlo correctamente?
Pensemos en algo tan visible como una herida que cicatriza con dificultad.
A simple vista observamos un resultado:
Pero debajo de ese resultado existe una enorme organización biológica.
Una dificultad de cicatrización no puede reducirse simplemente a una «falta de Construcción».
Varias competencias necesitan coordinarse para producir el resultado que finalmente vemos desde fuera.
Podemos llevar el razonamiento a un ejemplo extremo.
En una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer encontramos fenómenos enormemente complejos: alteraciones de proteostasis, acumulación de proteínas, disfunción mitocondrial, neuroinflamación, deterioro sináptico y pérdida progresiva de funciones neuronales.
No estamos diciendo que el Alzheimer sea un «problema de Depuración» o de «Construcción».
Sería una simplificación científicamente injustificable.
Lo interesante es otra cosa.
Cuando descendemos hacia la maquinaria celular descubrimos que capacidades fundamentales de regulación, control de calidad, mantenimiento, renovación y adaptación aparecen alteradas simultáneamente.
La enfermedad tiene un nombre.
Los mecanismos tienen otros muchos.
Entre ambos niveles podemos hacer una pregunta diferente:
Y esa pregunta cambia nuestra forma de mirar.
Durante años hemos hecho otra observación.
Esta vez alrededor de la oxigenación hiperbárica.
La investigación ha descrito mecanismos y respuestas extremadamente diferentes dependiendo de las condiciones estudiadas: señalización redox, respuestas inflamatorias, vascularización, metabolismo, reparación tisular, mecanismos de control de calidad celular, respuestas al estrés, plasticidad...
Cada investigación hace necesariamente zoom sobre una pequeña parte del problema.
Y necesitamos ese zoom.
Sin él no comprenderíamos la biología.
Pero nosotros decidimos hacer algo diferente.
Y preguntarnos:
¿Qué funciones están ejecutando todos esos mecanismos?
Entonces volvimos a encontrar algo conocido.
Estamos acostumbrados a hablar de los «beneficios» de una intervención.
Recuperación. Reparación. Mejor tolerancia a determinadas situaciones. Remodelación. Plasticidad. Adaptación.
Pero un beneficio es el resultado que observamos.
No explica necesariamente qué ha tenido que hacer la biología para producirlo.
Pensemos otra vez en la cicatrización.
Lo que observamos finalmente es una herida que evoluciona favorablemente.
Pero la cámara no «cierra la herida».
Entre el estímulo y el resultado existe la biología.
Y esa biología tiene que regular, gestionar, construir y adaptarse.
Eso nos llevó progresivamente a formular otra pregunta:
Ahí comenzó a cambiar nuestra manera de pensar la oxigenación.
Durante mucho tiempo manejamos dos escalas.
Por arriba estaban los resultados que podíamos observar:
recuperación · reparación · rendimiento · bienestar · adaptación
Y muy abajo estaban los mecanismos:
señalización redox · HIF-1 · NRF2 · NF-κB · Wnt · AMPK · mTOR · autofagia · mitofagia · metabolismo · expresión génica...
Pero entre ambas escalas necesitábamos un lenguaje funcional.
Algo suficientemente amplio para no reducir la biología a una molécula.
Y suficientemente preciso para no quedarnos simplemente hablando de «bienestar».
Ahí encontramos nuestras cuatro competencias:
Mantener, coordinar y recuperar equilibrios funcionales.
Gestionar, reciclar, renovar o retirar aquello que ha dejado de ser funcional.
Mantener, reparar, sintetizar, renovar y remodelar estructuras.
Modificar la respuesta biológica frente a un cambio para responder mejor a nuevas condiciones.
No explican cómo ocurre cada proceso.
Nos ayudan a comprender para qué función está trabajando ese proceso dentro de un contexto determinado.
La oxigenación hiperbárica tradicional ha permitido investigar innumerables mecanismos y aplicaciones.
OBM no pretende sustituir ese conocimiento.
Pero nosotros queríamos utilizarlo para formular una pregunta diferente.
Si modificamos temporalmente presión y disponibilidad de oxígeno, generamos un estímulo biológico.
Y si diferentes características del estímulo pueden producir respuestas biológicas diferentes, quizá no deberíamos pensar únicamente:
Podemos preguntarnos también:
Y después:
Ese cambio aparentemente pequeño transforma profundamente nuestra manera de reflexionar sobre una sesión.
Ya no buscamos dirigir una molécula concreta.
Tampoco pretendemos activar selectivamente una competencia como si pulsáramos un interruptor.
Buscamos organizar y modular estímulos con una intención funcional, sabiendo que la respuesta biológica seguirá siendo integrada, dinámica e individual.
Ese fue uno de los pasos conceptuales que nos llevó hacia OBM.
No abandonar los mecanismos.
No perseguir únicamente un resultado.
No considerar el oxígeno simplemente como algo que debemos aportar en mayor cantidad.
Y entonces las cuatro palabras dejaron de ser simplemente una clasificación.
Empezaron a convertirse en una herramienta para pensar.
Regulación, Depuración, Construcción y Adaptación no pertenecen a OBM.
OBM simplemente propone utilizarlas como un nivel funcional de lectura para organizar su metodología.
Una persona no deja de regular mientras construye.
No deja de depurar mientras se adapta.
Y ninguna vía molecular pertenece exclusivamente a una competencia.
Lo que cambia es la necesidad del momento, el contexto biológico y el peso relativo que adquieren unas funciones respecto a otras.
Por eso hablamos de competencias.
No de cuatro efectos.
No de cuatro tratamientos.
No de cuatro protocolos universales.
Hace unas semanas, cuando presentamos por primera vez la Oxigenación BioModulada, terminamos el artículo mostrando una pantalla.
En ella aparecían únicamente cuatro palabras:
Y escribimos:
«Muy pronto empezaremos a enseñársela.»
Hoy hemos dado el primer paso.
Ya sabemos por qué esas cuatro palabras están ahí.
No son cuatro promesas de resultados.
No son cuatro patologías.
Ni siquiera son cuatro mecanismos celulares.
Son cuatro competencias desde las que hemos aprendido a observar una parte de la extraordinaria complejidad de nuestra biología.
Y una vez que cambiamos nuestra manera de observarla aparece inevitablemente la siguiente pregunta:
Ahí empieza realmente la historia de OBM™ — Oxigenación BioModulada.
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