

Jeremy Trizzulla, DeltaO2, Especialista en Oxigenación Hiperbárica
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El equipo del Dr. Shai Efrati, desde el Sagol Center for Hyperbaric Medicine and Research, continúa explorando el potencial de la oxigenación desde un enfoque cada vez más amplio. (ver nuestra pagina sobre la investigación Sagol)
En esta ocasión, su atención se centra en el sueño. No como una patología aislada, sino como una función biológica fundamental, profundamente conectada con el estado general del organismo..
El estudio analiza a 395 personas con perfiles de envejecimiento, long COVID y estrés postraumático, tras un protocolo de 60 sesiones de oxigenación hiperbárica.
Envejecimiento, long COVID y estrés postraumático
Protocolo completo de oxigenación hiperbárica
Tiempo para dormirse, interrupciones y percepción del descanso
Los participantes conciliaban el sueño con mayor facilidad al final del protocolo.
Reducción de los despertares nocturnos y mayor continuidad del sueño.
Los participantes reportaron sentirse más descansados de forma subjetiva.
Para comprender estos resultados, el propio artículo se apoya en múltiples referencias científicas. Y lo que revelan es clave: la oxigenación no actúa sobre el sueño directamente, sino sobre los sistemas que hacen posible un sueño de calidad.
Imagina que el sueño es una flor.
La oxigenación no es el agua que la riega directamente: es la mejora del suelo, la temperatura y la luz que permiten que florezca sola.
Este enfoque sistémico es lo que hace tan interesante este estudio: no busca un efecto directo sobre el sueño, sino que identifica los mecanismos biológicos subyacentes que, al mejorar, permiten que el sueño se recupere de forma natural.
La ciencia identifica seis vías a través de las cuales la oxigenación puede influir en la calidad del sueño.
Cada una actúa sobre un sistema diferente del organismo.
La mitocondria produce la energía que el cerebro necesita para alternar entre actividad y descanso.
La inflamación crónica es un "ruido biológico" que interfiere directamente con el sueño.
El cerebro necesita un flujo sanguíneo estable para regular los ciclos sueño-vigilia.
Un sistema nervioso más adaptable también duerme mejor. El sueño es reorganización, no solo descanso.
Dormir implica pasar del modo alerta (simpático) al modo recuperación (parasimpático).
Posibles efectos sobre la adenosina (presión de sueño) y la melatonina (ritmo circadiano).
El sueño depende en gran medida del estado energético del cerebro. La oxigenación puede mejorar la función mitocondrial, optimizar la producción de energía (ATP) y reducir el estrés oxidativo.
Cuando la célula produce energía de forma eficiente, el cerebro recupera su capacidad natural de alternar entre actividad y descanso.


La literatura es clara: la inflamación crónica está asociada a alteraciones del sueño. La oxigenación ha demostrado efectos sobre la reducción de la inflamación sistémica y la modulación de la neuroinflamación.
No induce el sueño directamente. Pero elimina interferencias que lo degradan.
El cerebro necesita una perfusión estable para regular correctamente los ciclos sueño-vigilia. La oxigenación puede favorecer la angiogénesis, mejorar la microcirculación y optimizar el metabolismo cerebral.
Un cerebro mejor perfundido es un cerebro mejor regulado.
La oxigenación puede estimular la neuroplasticidad, la regeneración funcional y factores neurotróficos como el BDNF. El sueño no es solo descanso: es reorganización. Y un sistema capaz de adaptarse mejor… también duerme mejor.
Referencia: Chen et al. (2022)
Dormir implica un cambio de estado: del sistema simpático (alerta) al sistema parasimpático (recuperación). Algunas referencias indican que la oxigenación puede favorecer este equilibrio. No "duerme" al organismo, pero facilita las condiciones para que pueda hacerlo.
Referencia: Lund et al. (2000)
De forma más exploratoria, el artículo también menciona posibles efectos sobre la adenosina (presión de sueño) y la melatonina (ritmo circadiano). Un campo aún en desarrollo, pero coherente con el resto de mecanismos observados.
El estudio muestra algo fundamental que merece una reflexión especial:
Apenas experimentaron cambios. El protocolo no alteró su sueño de forma significativa.
Mejoraron de forma significativa. Cuanto peor era el punto de partida, mayor fue la mejora observada.
La oxigenación no añade algo artificial.
Corrige desequilibrios.
Esta es una clave de lectura muy importante: el organismo no necesita que le impongan el sueño desde fuera. Necesita que se eliminen los obstáculos que se lo impiden. Y eso es exactamente lo que parece hacer la oxigenación hiperbárica en este contexto.
Hay un punto esencial que a menudo se pasa por alto cuando se habla de oxigenación hiperbárica: el protocolo incluye 60 sesiones. No es una intervención puntual. Es una señal repetida.
La literatura citada en el estudio sugiere que pocas sesiones producen poco efecto, que la repetición genera adaptación y que la acumulación produce cambios duraderos. Esto cambia completamente la perspectiva.
El organismo recibe el estímulo de oxigenación por primera vez.
Con cada sesión, el organismo aprende a integrar la señal y responde de forma más eficiente.
Tras el protocolo completo, los cambios biológicos se consolidan y se mantienen en el tiempo.
Este tipo de estudios no redefine el sueño. Redefine cómo entendemos el equilibrio del organismo.
El sueño no es un sistema aislado. Es un reflejo del estado interno del organismo en múltiples dimensiones:
La capacidad de las células para producir energía de forma eficiente.
El nivel de inflamación sistémica y neuroinflamación que interfiere con el descanso.
La plasticidad y capacidad de adaptación del sistema nervioso.
La perfusión cerebral y la calidad de la microcirculación.
Desde este enfoque, la oxigenación deja de ser una intervención puntual para convertirse en una herramienta de modulación biológica.
No se trata de aplicar oxígeno. Se trata de utilizarlo con intención, estructura y comprensión.
El término que usamos en DeltaO2 para describir el uso del oxígeno como señal biológica que modula sistemas complejos del organismo.
✨ Mensaje final:
Este artículo se basa en las siguientes referencias científicas, citadas en el estudio original del equipo Sagol:
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28/04/2026